Aparece un Foro Romano de Barcelona de hace 2.000 años bajo un hotel de la ciudad

 


Artículo de Sarah Moreno, publicado el 9 de marzo de 2026 en la web HISTORIA de National Geographic

Barcelona es una ciudad construida sobre” ciudades. Donde hoy suenan maletas de ruedas y hay terrazas por doquier, late todavía la retícula de Barcino, la colonia fundada en tiempos del emperador Augusto y ha vuelto a nuestro presente con el inicio de las obras en el Gran Hotel Barcino dentro del edificio histórico de Casa Requesens cuando pretendían instalar un ascensor.

Lo que comenzó como una obra rutinaria terminó convirtiéndose en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes en décadas en la capital catalana: un pavimento de grandes losas de piedra de Montjuïc, fechado entre el 15 y el 10 a. C., que formaría parte del foro romano, el corazón político, religioso, administrativo y comercial de la Barcelona romana.

El elemento estrella es un pavimento de unos 42 m² construido con losas rectangulares enormes. Algunas alcanzan hasta 149 cm de largo por 118 cm de ancho, con un grosor de entre 18 y 35 cm. No es una solería doméstica, sino una estructura urbanística diseñada para impresionar y durar.



Los arqueólogos creen, además, que se trata del 'pavimento fundacional', porque no hay construcciones anteriores debajo, de ahí que los expertos lo hayan calificado de hallazgo único que obliga a repensar la disposición del centro cívico romano.

Las ciudades romanas se organizaban en torno a dos ejes: el cardo (norte-sur) y el decumanus (este-oeste). Hasta ahora se había asumido que el foro de Barcino seguía una determinada alineación relacionada con el cardo y con el entorno de la actual Plaça Sant Jaume y el Palau de la Generalitat; pero este pavimento cuenta otra historia.

La orientación de las losas -paralelas al decumanus y perpendiculares al cardo- sugiere que el foro estaría dispuesto en otra dirección, como si alguien hubiera rotado el plano 90 grados. Es decir, no solo es llamativo el hecho de que haya aparecido un fragmento original del foro romano, sino que aparece en una posición que obliga a recolocar mentalmente todo el conjunto. Y explica perfectamente por qué otros descubrimientos de muros o pavimentos, parecían 'contradecir' el diseño aceptado. Es una sorpresa, pero estas baldosas obligan a corregir paneles y mapas.

La historia del hallazgo es casi cinematográfica. Las obras de ampliación del hotel habían empezado con la idea de abrir un hueco para un ascensor. Se realizó una intervención preventiva y, a unos 2,5 metros de profundidad, aparecieron las losas perfectamente alineadas. Y ahí comenzó la gran excavación, de alrededor de 80 m², un trabajo que se extendió durante años.

Los expertos han tenido que llevar a cabo fases de consolidación estructural del edificio gótico (incluida la instalación de micropilotes para garantizar seguridad) conforme iban avanzando en su descubrimiento, ya que quedó claro desde el comienzo la importancia del pavimento que se encontraba bajo el famoso hotel que adaptó el proyecto para conservar el patrimonio histórico. Es más, la intervención fue supervisada por autoridades culturales, pero financiada por el Gran Hotel Barcino.

Junto al pavimento se documentó una estructura de hormigón romano y, cerca, dos pozos de unos 2,6 metros de profundidad, conectados por un sifón. Se trata de un sistema hidráulico que permite el paso del agua aprovechando diferencias de presión y gravedad. Y es que, en un foro, el agua no era únicamente un bien útil, también formaba parte de la escenografía (fuentes, elementos ornamentales, limpieza...).

Los expertos han tenido que llevar a cabo fases de consolidación estructural del edificio gótico (incluida la instalación de micropilotes para garantizar seguridad) conforme iban avanzando en su descubrimiento, ya que quedó claro desde el comienzo la importancia del pavimento que se encontraba bajo el famoso hotel que adaptó el proyecto para conservar el patrimonio histórico. Es más, la intervención fue supervisada por autoridades culturales, pero financiada por el Gran Hotel Barcino.

Además, se recuperaron más de 150 fragmentos de mármol importado, procedentes de lugares como Carrara, regiones de Grecia, islas del Egeo, Anatolia e incluso Egipto, lo que revela conexiones comerciales, capacidad económica y una Barcino que quería presentarse como una ciudad romana auténtica, con materiales dignos de una élite urbana.

Posteriormente, tras el declive del foro, el lugar se transformó con fases de tardoantigüedad, estructuras domésticas, modificaciones medievales y modernas, de ahí que se haya encontrado también un silo de unos 3.000 litros, construido aprovechando el hormigón romano, que conserva su forma original, así como hasta 58 monedas de distintas épocas (tardo-romanas, carolingias y sarracenas), evidenciando que el lugar siguió vivo, útil y moldeado por las distintas sociedades durante siglos hasta terminar convertido en cimientos invisibles de un hotel contemporáneo.

¿Se podrá visitar? Sí, pero con matices. El espacio quedará integrado dentro del hotel propiedad del Grupo Gargallo, por lo que habrá visitas guiadas periódicas coordinadas con el Ayuntamiento, ofreciendo la oportunidad de pisar sobre el mismo suelo que pisaron los habitantes de Barcino hace dos milenios.”

La nave romana desenterrada en Palma por un temporal se hundió cargada de vino, aceite y salsas

 



Artículo de Vicente G. Olaya, publicado en el diario “El País” el pasado 0 de febrero de 2026.

 “En 2019, un fuerte temporal marítimo desenterró un pecio del siglo IV d. C. a solo 65 metros de distancia de la playa de Ses Fontanelles (Mallorca). Así, a dos metros de profundidad, se hicieron visibles los restos de una embarcación de 12 metros de eslora y cinco de manga que transportaba en dos niveles 320 ánforas perfectamente conservadas. Seis años han tardado los arqueólogos en descubrir quiénes fletaron aquel barco que naufragó próximo a la costa balear, qué productos transportaba, de dónde partió y hasta cuánta gente participó en el etiquetado de los envases. El estudio Epigrafía anfórica del pecio tardorromano de Ses Fontanelles (Mallorca) califica el hallazgo de “extraordinario, pues nunca hasta ahora se había encontrado un pecio con el material in situ en un estado óptimo de conservación que ofreciera la posibilidad de estudiar el cargamento anfórico engranando múltiples piezas, que normalmente nos llegan fragmentadas y dispersas en los yacimientos subacuáticos”.



Aseguran los redactores del informe ―Piero Berni, Antònia Soler, Darío Bernal, Miguel Ángel Cau, Enrique García Riaza, Jaume Cardell, Carlos de Juan y Sebastià Munar― que la “asombrosa integridad de los materiales en la bodega de la embarcación y el alto porcentaje de inscripciones pintadas preservadas en las ánforas ha posibilitado que podamos reconstruir con bastante detalle cómo se organizó el cargamento y cuántos o quiénes fueron los propietarios de las diferentes partidas de ánforas”.

El grupo de trabajo multidisciplinar ―formado por miembros del Institut Català d’Arqueologia Classica, Consell de Mallorca, de las universidades de Illes Balears, Barcelona, UNED, Valencia y Cádiz― revela que las ánforas fueron clasificadas y etiquetadas por, al menos, siete personas. Se han recuperado sorprendentemente 84 inscripciones, a pesar de los 16 siglos que la tinta empleada ha permanecido en contacto con el agua salada.

Los textos hacen referencia a productos como “flor de liquamen” (una especie de salsa de pescado), aceite (virgen de oliva, virgen extra y oleum dulce para el culto religioso), y vino del sureste peninsular. Además, el análisis químico de los residuos orgánicos adheridos a las paredes interiores de algunas ánforas de fondo plano han permitido identificar componentes relacionados con derivados de la uva, frutas y aceitunas.

 


El cargamento anfórico, que partió de Carthago Spartaria (Cartagena), fue responsabilidad de dos comerciantes llamados Alunnio y Ausonio, posiblemente empleados de la familia Flavia, cuyo nombre aparece también en los tapones de algunas ánforas. Estos tapones tenían impreso un crismón o monograma formado por las dos primeras letras griegas del nombre Cristo.

Los crismones se comenzaron a utilizar en monedas y estandartes romanos a partir del Edicto de Milán, en el año 313, cuando el cristianismo deja de ser perseguido y se establece la libertad religiosa en el imperio. Pero además, los arqueólogos encontraron en 2024 una moneda en la carlinga ―o a cavidad donde se asentaba el mástil de la embarcación― fechada en el año 320 y procedente de la ceca Siscia (moderna Sisak, Croacia). Como no se han encontrado reparaciones significativas en las tablas de la embarcación, los expertos consideran en su estudio, publicado en la revista Archivo Español de Arqueología, que el barco se hundió poco después de ser botado, a mediados del siglo IV.

Las ánforas de las salsas fermentadas de pescado llevaban escritos tanto la tara del recipiente como el peso neto del producto envasado. Esto respondía, dice este estudio que se enmarca en un proyecto mayor denominado Arqueomallornauta, “a un estricto control sobre la mercancía para evitar la falsificación o manipulación de lo declarado sobre el producto embotellado” ante los recaudadores de impuestos de la Administración. Y es que cada una de las piezas pasaba por las manos de dos personas, una primera pesaba el envase y la otra, una vez relleno, toda el ánfora.

 

Los expertos creen que la embarcación “combinaba el comercio privado de mercancías (los productos de Alunnio y Ausonio) con otro anónimo (sin inscripciones nominales) que tenía un trasfondo público. Esta combinación, donde parece converger lo público con lo privado en un transporte marítimo mixto, no había podido documentarse hasta ahora con semejante claridad en un pecio romano”.

Por eso, los autores creen que “la epigrafía anfórica del pecio de Ses Fontanelles no solo abre nuevas vías de investigación histórica, sino que también plantea interrogantes significativos sobre la economía y el tráfico marítimo de la Cartaginense en este período tardorromano”.

Piero Berni, director de la investigación, adelanta a EL PAÍS que “este año se procederá a la extracción del casco de la embarcación, posiblemente la mejor conservada de todo el Mediterráneo, un proceso complejo del que esperamos obtener grandes novedades científicas”.”

 

El único refugio romano dentro de una cueva de España está en la Región de Murcia y así puedes visitarlo

 

                                                    entrada a la cueva
 

Este es el título de un artículo de Alba Verdú (https://www.laverdad.es/planes/unico-refugio-romano-dentro-cueva-espana-region-20260223220859-nt.html) publicado en el diario “Las Verdad” de Murcia el pasado 21 de marzo de 2026.


                                                                 bajada a la cueva

La visita a esta cueva debería ser una obligación para todos los murcianos por la impresionante muestra de pinturas rupestres a nuestro alcance. Si además eres de los que admiramos la huella que ha dejado Roma en nuestro país, este es un sitio desconocido y sorprendente: un hábitat romano en una inmensa cueva que por ahora parece ser único en España.



Estos son los vestigios del asentamiento romano de la cueva. Según la información facilitada por mi buen amigo Joaquín Salmerón, director del Museo Siyasa en Cieza, se trataría de dos construcciones superpuestas. Según los materiales hallados, dichas construcciones datarían de mediados s.III d.C la primera ocupación y finales del s.III/ principios s.IV d.C. la segunda.

lucernas
Estos son algunos de los elementos encontrados en la cueva y que están expuestos en el Museo Siyasa de Cieza.

Osculatorio (removedor de preparados y perfumes y sonda para exploraciones

cuchillo de hierro


La visita al Museo Siyasa merece el desplazamiento, entre otras cosas, por la magnifica reproducción de varias casas de los restos del poblado Medina Siyasa.

Aparece un Foro Romano de Barcelona de hace 2.000 años bajo un hotel de la ciudad

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