Artículo de Lidia G. Merenciano, publicado el 27 de abril
de 2026 en la web “Historia “ de National Geographic.
“Un objeto hallado en Soria está ayudando a reconstruir una
historia de viajes, fronteras y memoria en el Imperio romano. La llamada
"copa de Berlanga", estudiada
por un equipo con participación del CSIC y el Museo Arqueológico Nacional, ha
sido identificada como una pieza fabricada en el siglo II de nuestra era en
Britania y vinculada al Muro de Adriano. Una singularidad que radica en
que, dentro de una serie extremadamente rara, es la única que conserva
inscripciones de los fuertes orientales de esta frontera.
El hallazgo se produjo en Berlanga del Duero, donde
la copa apareció fragmentada pero con un alto grado de conservación, lo que ha
permitido su reconstrucción virtual. Se trata de un cuenco hemisférico de
bronce decorado con esmaltes de colores (rojo, verde, turquesa y azul) que
representan el muro mediante un friso con torretas. Esta iconografía la sitúa
dentro de un pequeño grupo de vasos esmaltados asociados a la frontera
norte del Imperio romano, de los que apenas se conocen unos pocos
ejemplares en todo el mundo. Para la digitalización de la pieza, el equipo ha
contado con profesionales de 3D STOA - Arqueología y Patrimonio.
"La pieza es extremadamente rara; solo se conocían
cuatro y esta es la quinta. Es la única que está en España." declara
el arqueólogo y divulgador Néstor Marqués, parte de 3D STOA junto a Miguel
Fernández y Pablo Aparicio. "Era una pieza fragmentada. Hemos
documentado en 3D y realizado la fotogrametría en los diferentes fragmentos
para recomponerla virtualmente. Así hemos conseguido «desdoblar la copa», la
única forma de verla como realmente era. Gracias a esto se podría llegar
incluso a imprimirla en 3D para facilitar su estudio".
Hasta el momento, han podido interpretar el hallazgo como un
objeto de prestigio, probablemente encargado para conmemorar el
servicio militar en el Muro de Adriano. Este tipo de copas habría
funcionado como recuerdo personal o incluso como distintivo simbólico para
quienes servían en uno de los límites más remotos del imperio. En el caso de la
copa de Berlanga, la hipótesis más plausible es que perteneciera a un
soldado de origen celtíbero que regresó a su tierra tras haber servido en
Britania.
Esta interpretación se apoya en el conocimiento histórico de
las tropas auxiliares romanas. Sabemos que unidades reclutadas en
territorios conquistados eran destinadas a regiones lejanas, y una cohorte
celtíbera, la Cohors I Celtiberorum, estuvo desplegada en el Muro
de Adriano. Así, la copa podría haber viajado miles de kilómetros como parte
del equipaje personal de un veterano, convirtiéndose en testimonio material de
esa experiencia.
El contexto arqueológico refuerza el interés del hallazgo.
Las prospecciones realizadas en la zona donde apareció la copa han
identificado restos de una villa romana activa entre los siglos I y IV. Los
trabajos, que combinan técnicas como el radar de penetración terrestre y el
análisis de fotografías aéreas históricas, sugieran la existencia de un
pequeño conjunto de edificaciones a escasa distancia del actual núcleo urbano.
Este entorno podría haber sido el lugar que habitó el antiguo propietario de la
copa tras su regreso.
Desde el punto de vista técnico, los análisis
realizados han permitido confirmar tanto la autenticidad como el origen
de la pieza. Mediante espectrometría y estudios isotópicos, los
investigadores han determinado que la pieza fue fabricada con una aleación de
bronce con zinc y plomo, y que el metal procede de las minas del norte de
Britania, probablemente en zonas como Gales o Durham. La combinación de
estos datos ha permitido datar la copa entre los años 124 y 150. “

