Hallan en una playa de Alicante un busto que podría tener 2.000 años de antigüedad

 


Articulo de Manuel Lillo publicado en el diario “Información” de Alicante el 21 de mayo de 2026.

“Un descubrimiento inesperado. El Ayuntamiento de Alicante ha informado este miércoles del hallazgo de un busto en la playa de La Almadraba. Se trata de una cabeza que parece representar a la diosa Venus, y según el Consistorio podría tener un origen hace unos 2.000 años, entre los siglos I y II después de Cristo.

Las excavaciones en las obras de regeneración de la playa de La Almadraba, en el norte litoral del término municipal, habrían dado con este busto que, según el Consistorio, tiene “un valor cultural e histórico incalculable”.

La institución municipal lo sitúa en la época romana altoimperial y lo define como “una cabeza romana de gran calidad artística y en un óptimo estado de conservación”, dice la concejala de Cultura, Nayma Beldjilali, que hace esta descripción en boca de los “técnicos”. “Podemos estar hablando de uno de los más importantes hallazgos en toda la historia en Alicante y provincia de una escultura romana”, ha señalado.

Según la misma concejala, “al tratarse de unas obras para la regeneración de la playa de La Almadraba, lo primero que se hace es una excavación al tratarse de una zona arqueológica, donde ya se ha encontrado una villa romana”, y calcula que “debió estar en casa de algún destacado ciudadano romano”.

José Manuel Pérez Burgos, jefe de Patrimonio Integral del Ayuntamiento, asegura que “el gusto presenta un peinado de influencia helenística, con el cabello ondulado recogido hacia atrás con raya en medio siguiendo el modelo idealizado de representaciones de divinidades como la Afrodita griega o la Venus romana”. Este análisis le lleva a concluir que el hallazgo tendría su origen entre el siglo I y el II después de Cristo, “a falta de un informe más exhaustivo”.

La pieza mide 22,22 centímetros de alto y 19,78 de ancho, y podría ser la escultura de una cabeza “como las que colocaban en peanas en las casas patricias romanas”. Desde el Ayuntamiento detallan que “la época del emperador César Augusto”, entre el año 27 antes de Cristo y el 19 de la época actual, “supuso una fuerte expansión de las fronteras del Imperio Romano y trajo la Pax Romana y una época de gran efervescencia cultural”, y en este contexto la diosa Venus “era considerada en el Imperio la madre del pueblo romano y representaba el amor, la belleza y la fertilidad”.

Por último, desde el Consistorio trasladan que están “trabajando en la recuperación y puesta en valor del nuevo yacimiento arqueológico de La Almadraba”, donde empezaron las catas arqueológicas en 2009 y se han encontrado restos de una villa romana vinculada a Lucentum, “que estuvo operativa entre los siglos III antes de Cristo y IV después de Cristo”.

“Como resultado de estos trabajos, se han encontrado cimentaciones de viviendas y estancias pertenecientes a una villa romana de carácter marítimo, abundantes restos de cerámica, algunos de ellos muy bien conservados, y monedas de la época”, explican.

 

Este martes se supo que las obras del entorno de la playa de la Almadraba se retrasaban de nuevo, aunque el Ayuntamiento asegura que estarán listas para el verano. El gobierno de Luis Barcala aprobó la segunda prórroga de los trabajos, que deberían haber concluido a principios de este 2026, otorgando a la empresa responsable hasta el próximo día 29 para finalizar la reurbanización del entorno.”

Cuando Roma hacía vino en Murcia: la bodega de 2.000 años que aún conserva las huellas del Imperio

 


Artículo de Juanjo Raja, publicado en el diario “La Opinión” de Murcia el 19 de Mayo. Dicho artículo me lo ha dado a conocer mi gran amigo Joaquín Salmerón, director del Museo Siyâsa de Cieza (Murcia).

“Siglo II después de Cristo. El sol cae a plomo sobre las tierras del norte de lo que hoy llamamos Yecla. A pocos kilómetros, el polvo se levanta en una franja de piedra apisonada que atraviesa el horizonte de norte a sur: es la Vía Augusta, la calzada más larga de toda Hispania, el nervio que vertebra el Imperio desde los Pirineos hasta Cádiz. Por ese camino de más de 1.500 kilómetros circulan legiones, mercaderes, mensajeros y carros cargados de ánforas. Y entre esas ánforas, muy probablemente, viaja vino de Yecla.

A unos once kilómetros y medio al norte del casco urbano, en el paraje conocido como Las Tobarrillas, al pie de la Sierra de la Lacera, un grupo de trabajadores pisa uva en silencio. Sus pies descalzos golpean el mosto sobre una plataforma de opus signinum, ese mortero romano tan resistente al agua que aún hoy sorprende a los arqueólogos cuando lo encuentran intacto. Es el calcatorium.



La bodega de Fuente del Pinar I lleva en marcha varias décadas y sus dueños saben bien lo que hacen: el líquido que escurre por los canales de piedra fermentará en el lacus vinarius, la gran cuba contigua, antes de ser trasegado a las dolia, esas tinajas de barro de gran formato en las que el vino reposa y espera su destino.

Ese destino, según apuntan los arqueólogos, era fundamentalmente local. El volumen de almacenamiento del complejo sugiere una producción pensada para el consumo de la zona, sin apenas margen para una distribución comarcal o regional. Vino de proximidad, diríamos hoy. Vino de Yecla, hace dos mil años.

a Vía Augusta no era solo un camino. Era la columna vertebral del poder romano en Hispania, y quien vivía cerca de ella vivía cerca del Imperio. En el término municipal de Yecla, este trazado organizaba el territorio y daba sentido económico a las explotaciones agrícolas que florecían a su sombra. Fuente del Pinar I no era una excepción aislada, sino parte de un sistema.



Los arqueólogos han documentado hasta cinco villas rústicas romanas en torno a Yecla: El Pulpillo, Marisparza, Casa de la Ermita, Los Torrejones y Fuente del Pinar. Cada una de ellas era una pieza de un engranaje productivo bien engrasado.

El ramal de calzada que atravesaba el municipio conectaba estas explotaciones con las grandes arterias del comercio imperial: hacia el noreste, con Saetabis (la actual Xàtiva); hacia el suroeste, con Cástulo, en la actual Jaén, una de las puertas de entrada a la alta Andalucía desde el Levante mediterráneo. Era, en definitiva, una región que producía, que exportaba, que participaba en la economía del Imperio. Y en el centro de ese engranaje, una bodega.

Las instalaciones de Fuente del Pinar I ocupan una superficie aproximada de 300 metros cuadrados, distribuidos en tres espacios que los arqueólogos identifican como los componentes esenciales de cualquier bodega romana: el lagar, el patio y los almacenes.

El corazón del complejo es el calcatorium, la estancia central donde se realizaba el pisado de la uva. Su suelo, construido en opus signinum, está diseñado para ser impermeable, para que ni una gota del preciado mosto se pierda.



Junto a él, el lacus vinarius, una cuba donde el zumo fermentaba antes de completar su transformación. El último paso era el traslado a las dolia, las grandes tinajas de almacenamiento que guardarían el vino hasta su consumo o distribución.

Todo este proceso, tan cotidiano para aquellos romanos de los siglos I al IV después de Cristo, quedó sepultado bajo las tierras de Las Tobarrillas durante más de mil quinientos años. Hasta que los arqueólogos llegaron.

El yacimiento fue objeto de excavaciones arqueológicas en tres campañas: 1999, 2000 y 2012. Los resultados de esos trabajos, coordinados desde el Museo Arqueológico de Yecla, permitieron documentar con detalle las instalaciones de una explotación agrícola de época altoimperial de notable importancia en el contexto regional.

Los materiales cerámicos recuperados durante las excavaciones son los que permiten fechar con precisión el inicio de la actividad productiva: entre los siglos I y II después de Cristo, aunque el complejo siguió funcionando hasta el siglo IV. Casi cuatro centurias de producción continua de vino en un mismo lugar. Cuatro siglos de historia líquida.

En 2013, el lagar fue restaurado gracias a la ejecución de un proyecto Leader, lo que permitió que hoy pueda visitarse bajo una cubierta protectora moderna inspirada en las casas tradicionales de campo de la zona. La estructura, de lectura intuitiva, conecta directamente con los sistemas de producción que aún hoy siguen empleándose en la comarca. El pasado y el presente del vino de Yecla, cara a cara.

La singularidad de Fuente del Pinar I no pasó desapercibida para la administración regional. La Dirección General de Patrimonio Cultural inició el procedimiento para la declaración del yacimiento como Bien de Interés Cultural en la figura de Zona Arqueológica. La resolución fue publicada en el Boletín Oficial de la Región de Murcia y responde a una solicitud presentada por un particular en octubre de 2024.

Los argumentos que esgrime la Dirección General son contundentes. En primer lugar, la singularidad científica: Fuente del Pinar I es una de las pocas instalaciones de producción de vino de época romana estudiadas en toda la Región.

En segundo lugar, el buen estado de conservación del lagar, restaurado en 2013, que permite una lectura clara del espacio incluso para el visitante no especializado. Y en tercer lugar, su potencial como recurso de turismo cultural y enológico, fácilmente integrable en una nueva ruta para la revitalización del turismo rural de la ciudad.

La resolución de Patrimonio apeló a la identidad del territorio con una frase que resume todo el valor del yacimiento: "Se trata de una seña de identidad de un territorio dedicado a la explotación vitivinícola que encuentra en este yacimiento uno de sus precedentes más antiguos".

Hay algo poderoso en la continuidad. Que la tierra que pisaron aquellos trabajadores romanos en el siglo I sea hoy la misma que produce algunos de los vinos más reconocidos de la Región de Murcia no es una casualidad geográfica: es la prolongación de una vocación que tiene raíces más profundas que cualquier cepa.

Fuente del Pinar I ya forma parte de la oferta oficial de la Asociación de Rutas del Vino de Yecla y senderistas y ciclistas pueden acceder al paraje a través de itinerarios señalizados que lo conectan con la Sierra de Tobarrillas.

El entorno, además, tiene valor ambiental propio: el área alberga un conjunto de charcas protegidas en el Inventario Regional de Zonas Húmedas, con flora autóctona como el taray y el junco, y fauna que incluye desde el gallipato hasta la garza real.

Pero el alma del lugar es la bodega. Esos 300 metros cuadrados de piedra y mortero que un día olieron a mosto, a madera y a tierra mojada. Que un día fueron el origen de algo que Yecla aún no ha dejado de hacer.

La declaración BIC consolida la protección oficial de ese legado. Mientras tanto, el yacimiento espera, como siempre esperó, bajo el sol del Altiplano regional. Paciente como el vino en sus tinajas.”

Una pieza única del siglo II de nuestra era encontrado en Soria revela las conexiones entre soldados celtíberos y la frontera más remota del Imperio romano.

 



Artículo de Lidia G. Merenciano, publicado el 27 de abril de 2026 en la web “Historia “ de National Geographic.

 

“Un objeto hallado en Soria está ayudando a reconstruir una historia de viajes, fronteras y memoria en el Imperio romano. La llamada "copa de Berlanga", estudiada por un equipo con participación del CSIC y el Museo Arqueológico Nacionalha sido identificada como una pieza fabricada en el siglo II de nuestra era en Britania y vinculada al Muro de Adriano. Una singularidad que radica en que, dentro de una serie extremadamente rara, es la única que conserva inscripciones de los fuertes orientales de esta frontera. 

El hallazgo se produjo en Berlanga del Duero, donde la copa apareció fragmentada pero con un alto grado de conservación, lo que ha permitido su reconstrucción virtual. Se trata de un cuenco hemisférico de bronce decorado con esmaltes de colores (rojo, verde, turquesa y azul) que representan el muro mediante un friso con torretas. Esta iconografía la sitúa dentro de un pequeño grupo de vasos esmaltados asociados a la frontera norte del Imperio romano, de los que apenas se conocen unos pocos ejemplares en todo el mundo. Para la digitalización de la pieza, el equipo ha contado con profesionales de 3D STOA - Arqueología y Patrimonio. 

"La pieza es extremadamente rara; solo se conocían cuatro y esta es la quinta. Es la única que está en España.declara el arqueólogo y divulgador Néstor Marqués, parte de 3D STOA junto a Miguel Fernández y Pablo Aparicio. "Era una pieza fragmentada. Hemos documentado en 3D y realizado la fotogrametría en los diferentes fragmentos para recomponerla virtualmente. Así hemos conseguido «desdoblar la copa», la única forma de verla como realmente era. Gracias a esto se podría llegar incluso a imprimirla en 3D para facilitar su estudio". 



Hasta el momento, han podido interpretar el hallazgo como un objeto de prestigio, probablemente encargado para conmemorar el servicio militar en el Muro de Adriano. Este tipo de copas habría funcionado como recuerdo personal o incluso como distintivo simbólico para quienes servían en uno de los límites más remotos del imperio. En el caso de la copa de Berlanga, la hipótesis más plausible es que perteneciera a un soldado de origen celtíbero que regresó a su tierra tras haber servido en Britania.

Esta interpretación se apoya en el conocimiento histórico de las tropas auxiliares romanas. Sabemos que unidades reclutadas en territorios conquistados eran destinadas a regiones lejanas, y una cohorte celtíbera, la Cohors I Celtiberorum, estuvo desplegada en el Muro de Adriano. Así, la copa podría haber viajado miles de kilómetros como parte del equipaje personal de un veterano, convirtiéndose en testimonio material de esa experiencia. 

El contexto arqueológico refuerza el interés del hallazgo. Las prospecciones realizadas en la zona donde apareció la copa han identificado restos de una villa romana activa entre los siglos I y IV. Los trabajos, que combinan técnicas como el radar de penetración terrestre y el análisis de fotografías aéreas históricas, sugieran la existencia de un pequeño conjunto de edificaciones a escasa distancia del actual núcleo urbano. Este entorno podría haber sido el lugar que habitó el antiguo propietario de la copa tras su regreso. 

Desde el punto de vista técnico, los análisis realizados han permitido confirmar tanto la autenticidad como el origen de la pieza. Mediante espectrometría y estudios isotópicos, los investigadores han determinado que la pieza fue fabricada con una aleación de bronce con zinc y plomo, y que el metal procede de las minas del norte de Britania, probablemente en zonas como Gales o Durham. La combinación de estos datos ha permitido datar la copa entre los años 124 y 150. “

 

 

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 En una visita al Palacio Real de Madrid, he podico apreciar la presencia en distintas estancias del Palacio, muchas representaciones de Emp...