Artículo de Juanjo Raja, publicado en el diario “La Opinión”
de Murcia el 19 de Mayo. Dicho artículo me lo ha dado a conocer mi gran amigo
Joaquín Salmerón, director del Museo Siyâsa de Cieza (Murcia).
“Siglo II después de Cristo. El sol cae a plomo sobre las
tierras del norte de lo que hoy llamamos Yecla. A pocos kilómetros, el polvo se
levanta en una franja de piedra apisonada que atraviesa el horizonte de norte a
sur: es la Vía Augusta, la calzada más larga de toda Hispania, el nervio
que vertebra el Imperio desde los Pirineos hasta Cádiz. Por ese camino de
más de 1.500 kilómetros circulan legiones, mercaderes, mensajeros y carros
cargados de ánforas. Y entre esas ánforas, muy probablemente, viaja vino de
Yecla.
A unos once kilómetros y medio al norte del casco urbano, en
el paraje conocido como Las Tobarrillas, al pie de la Sierra de la
Lacera, un grupo de trabajadores pisa uva en silencio. Sus pies descalzos
golpean el mosto sobre una plataforma de opus signinum, ese mortero romano
tan resistente al agua que aún hoy sorprende a los arqueólogos cuando lo
encuentran intacto. Es el calcatorium.
La bodega de Fuente del Pinar I lleva en marcha
varias décadas y sus dueños saben bien lo que hacen: el líquido que escurre por
los canales de piedra fermentará en el lacus vinarius, la gran cuba
contigua, antes de ser trasegado a las dolia, esas tinajas de barro de
gran formato en las que el vino reposa y espera su destino.
Ese destino, según apuntan los arqueólogos, era
fundamentalmente local. El volumen de almacenamiento del complejo sugiere una
producción pensada para el consumo de la zona, sin apenas margen para una
distribución comarcal o regional. Vino de proximidad, diríamos hoy. Vino
de Yecla, hace dos mil años.
a Vía Augusta no era solo un camino. Era la columna
vertebral del poder romano en Hispania, y quien vivía cerca de ella vivía cerca
del Imperio. En el término municipal de Yecla, este trazado organizaba el
territorio y daba sentido económico a las explotaciones agrícolas que
florecían a su sombra. Fuente del Pinar I no era una excepción aislada, sino
parte de un sistema.
Los arqueólogos han documentado hasta cinco villas rústicas
romanas en torno a Yecla: El Pulpillo, Marisparza, Casa de la Ermita, Los
Torrejones y Fuente del Pinar. Cada una de ellas era una pieza de un engranaje
productivo bien engrasado.
El ramal de calzada que atravesaba el municipio conectaba
estas explotaciones con las grandes arterias del comercio imperial: hacia
el noreste, con Saetabis (la actual Xàtiva); hacia el suroeste, con
Cástulo, en la actual Jaén, una de las puertas de entrada a la alta
Andalucía desde el Levante mediterráneo. Era, en definitiva, una región que
producía, que exportaba, que participaba en la economía del Imperio. Y en el
centro de ese engranaje, una bodega.
Las instalaciones de Fuente del Pinar I ocupan una
superficie aproximada de 300 metros cuadrados, distribuidos en tres espacios
que los arqueólogos identifican como los componentes esenciales de cualquier
bodega romana: el lagar, el patio y los almacenes.
El corazón del complejo es el calcatorium, la estancia
central donde se realizaba el pisado de la uva. Su suelo, construido en
opus signinum, está diseñado para ser impermeable, para que ni una gota del
preciado mosto se pierda.
Junto a él, el lacus vinarius, una cuba donde el zumo
fermentaba antes de completar su transformación. El último paso era el traslado
a las dolia, las grandes tinajas de almacenamiento que guardarían el vino
hasta su consumo o distribución.
Todo este proceso, tan cotidiano para aquellos romanos de
los siglos I al IV después de Cristo, quedó sepultado bajo las tierras de
Las Tobarrillas durante más de mil quinientos años. Hasta que los arqueólogos
llegaron.
El yacimiento fue objeto de excavaciones arqueológicas
en tres campañas: 1999, 2000 y 2012. Los resultados de esos trabajos,
coordinados desde el Museo Arqueológico de Yecla, permitieron documentar
con detalle las instalaciones de una explotación agrícola de época altoimperial
de notable importancia en el contexto regional.
Los materiales cerámicos recuperados durante las
excavaciones son los que permiten fechar con precisión el inicio de la
actividad productiva: entre los siglos I y II después de Cristo, aunque el
complejo siguió funcionando hasta el siglo IV. Casi cuatro centurias
de producción continua de vino en un mismo lugar. Cuatro siglos de historia
líquida.
En 2013, el lagar fue restaurado gracias a la
ejecución de un proyecto Leader, lo que permitió que hoy pueda visitarse
bajo una cubierta protectora moderna inspirada en las casas tradicionales de
campo de la zona. La estructura, de lectura intuitiva, conecta directamente con
los sistemas de producción que aún hoy siguen empleándose en la comarca. El
pasado y el presente del vino de Yecla, cara a cara.
La singularidad de Fuente del Pinar I no pasó desapercibida
para la administración regional. La Dirección General de Patrimonio Cultural
inició el procedimiento para la declaración del yacimiento como Bien de
Interés Cultural en la figura de Zona Arqueológica. La resolución fue publicada
en el Boletín Oficial de la Región de Murcia y responde a una solicitud
presentada por un particular en octubre de 2024.
Los argumentos que esgrime la Dirección General son
contundentes. En primer lugar, la singularidad científica: Fuente del
Pinar I es una de las pocas instalaciones de producción de vino de época romana
estudiadas en toda la Región.
En segundo lugar, el buen estado de conservación del
lagar, restaurado en 2013, que permite una lectura clara del espacio incluso
para el visitante no especializado. Y en tercer lugar, su potencial como recurso
de turismo cultural y enológico, fácilmente integrable en una nueva ruta para
la revitalización del turismo rural de la ciudad.
La resolución de Patrimonio apeló a la identidad del
territorio con una frase que resume todo el valor del yacimiento: "Se
trata de una seña de identidad de un territorio dedicado a la explotación
vitivinícola que encuentra en este yacimiento uno de sus precedentes más
antiguos".
Hay algo poderoso en la continuidad. Que la tierra que
pisaron aquellos trabajadores romanos en el siglo I sea hoy la misma que
produce algunos de los vinos más reconocidos de la Región de Murcia no
es una casualidad geográfica: es la prolongación de una vocación que tiene
raíces más profundas que cualquier cepa.
Fuente del Pinar I ya forma parte de la oferta oficial de la Asociación
de Rutas del Vino de Yecla y senderistas y ciclistas pueden acceder al
paraje a través de itinerarios señalizados que lo conectan con la Sierra de
Tobarrillas.
El entorno, además, tiene valor ambiental propio: el área
alberga un conjunto de charcas protegidas en el Inventario Regional
de Zonas Húmedas, con flora autóctona como el taray y el junco, y fauna
que incluye desde el gallipato hasta la garza real.
Pero el alma del lugar es la bodega. Esos 300 metros
cuadrados de piedra y mortero que un día olieron a mosto, a madera y a
tierra mojada. Que un día fueron el origen de algo que Yecla aún no ha dejado
de hacer.
La declaración BIC consolida la protección oficial de
ese legado. Mientras tanto, el yacimiento espera, como siempre esperó, bajo el
sol del Altiplano regional. Paciente como el vino en sus tinajas.”




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