Artículo de
Eva Cavas, publicado hoy, 28 de diciembre, en “La Verdad” de Murcia.
“A veces, un
objeto que parece irrelevante resulta ser la clave para desentrañar parte de
nuestra historia. Esto es precisamente lo que ha ocurrido con una urna,
encontrada en 2008 durante la excavación del edificio del Atrio del Parque
Arqueológico del Molinete, cuya inscripción ha permitido descubrir a un
gobernador romano de la Hispania Citerior en el siglo I a. C. que del que hasta
ahora no se sabía nada. Este hallazgo es fruto del trabajo de un grupo de
investigadores conformado por la arqueóloga municipal de Cartagena, María José
Madrid, José Miguel Noguera, Joaquín Ruiz de Arbulo, Victoria García-Aboal,
Izaskun Martínez y Juan Manuel Abascal.
Cuando se
descubrió, la parte inferior, que permanecía prácticamente enterrada, se
encontraba en mejor estado, pero la superior se había descompuesto en más de
250 fragmentos, algunos del tamaño de una moneda de un céntimo. Para extraerla,
excavaron a su alrededor y fueron introduciendo una gasa para envolverla y
conservarla con la tierra y los pequeños fragmentos que acumulaba en su
interior. «Al principio no sabíamos exactamente qué era, aunque sí éramos
conscientes de que se salía de lo habitual. Muy cerca de ella se encontraron
también una base y dos asas, que más tarde descubrimos que formaban parte de la
misma pieza», comentó Madrid.
Una vez
completamente restaurada le hicieron fotografías, la sometieron a difracción de
rayos X y otras pruebas físicas para determinar de qué material estaba hecha,
ya que era tan frágil que se partía al tocarla y quedaban residuos de polvo en
las manos. Fue entonces cuando descubrieron que era una aleación metálica muy
pobre de cobre, por lo que era normal que se deshiciera después del incendio
del edificio del Atrio y de 2.000 años enterrada.
«Cuando
Izaskun Martínez y su infinita paciencia lograron recomponerla, nos dimos
cuenta de que el principal interés estaba en la pared del objeto, ya que
carecía de borde y estaba terminada en forma circular y con un diámetro
suficiente para poder introducir la mano. Una vez limpia, se empezó a ver lo
que parecía una inscripción. Este texto fue esencial porque cada uno de los
tres renglones que lo componen es un hallazgo que nos cuenta algo más sobre la
pieza, su contexto y comitente», explicó la arqueóloga municipal.
En la
primera línea se puede leer «Spurius», un nombre poco habitual, «Lucretius»,
que era el apellido de una familia de gran relevancia política y económica del
norte de Roma durante los siglos VI y V a. C., y «Tricipitinus», que es el
apodo de la familia y que se pierde casi por completo en el siglo V a. C.; el
personaje era cuestor propretor, que era un cargo que se puede equiparar con el
de gobernador provincial. «Hasta ahora, de este magistrado no sabíamos nada y
no aparecía en los listados de gobernadores de la provincia de Hispania
Citerior. Parece ser que debió de sustituir a alguno de ellos en algún momento
entre los años 47 y 27 a. C. Por estas fechas hemos deducido que debió estar
entre Aemilius Lepidus, bastante conocido porque hay inscripciones suyas en
Cartagena, y el emperador Augusto, que reorganizó la provincia en el 27»,
señaló Madrid.
El hallazgo
es muy importante porque no se conocía al personaje y porque ha permitido
interpretar mejor otras inscripciones descubiertas en la zona, como las de los
lingotes de plomo procedentes del pecio de Mazarrón expuesto en el Arqua, donde
se cita a un Spurius Lucretius que debió ser el mismo personaje a un familiar.
«Hemos descubierto que estaba dedicado a la explotación de las minas y es
posible que su riqueza proceda de allí, lo que, unido a su condición de miembro
de una importante familia senatorial itálica, pudo dar lugar a su elección como
cuestor propretor».
María José
Madrid destaca el trabajo hecho por sus compañeros. «En cuanto Juan Manuel
Abascal la vio se dio cuenta de que era una mina, aunque cuando le contamos por
teléfono que creíamos leer el nombre del individuo no daba crédito. Este es un
trabajo en equipo, pero su participación ha sido clave. Parece mentira que una
pieza tan pequeña, que en apariencia parecía tan insignificante, pueda resultar
tan importante».
Entre las
singularidades de este descubrimiento destaca también el uso que se le daba a
esta especie de urna en la antigua Roma. La clave para averiguarlo se encuentra
en la última línea de la inscripción, donde los expertos leyeron «[ob] sortes
invent(as) fe[cit]», que, junto a los dos renglones anteriores se traduce en
«Siendo gobernador provincial Spurius Lucretius Tricipitinus, hijo de Spurius,
y como consecuencia de la extracción de las tablillas... hizo...».
«La sortes
es una ceremonia de echar a suertes en la que se introduce en una urna una
serie de tablillas de madera, hueso o cerámica. De la urna, que puede ser de
varios tipos, se extraían las tablillas para elegir a los magistrados o
senadores por sorteo. Se empleaba para otras muchas cosas, como sortear lotes
de tierra, votar o para conocer la voluntad de los dioses. Fue una práctica muy
habitual en los siglos II, II y I a. C., momento a partir del cual se introduce
la urna rotatoria, muy similar a nuestros actuales bombos de la lotería»,
explicó el catedrático de la Universidad de Murcia José Miguel Noguera.
Una de las
aportaciones más importantes para interpretar esta urna es la realizada por la
Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), ya que su Servicio de Apoyo a la
Investigación Tecnológica (SAIT) fue esencial para poder leer el texto. «Allí
pudimos escanear la superficie de la pieza, letra a letra, y hemos podido
terminar de leer por completo la inscripción y así interpretarla. De hecho, de
este proceso proceden las fotografías del texto que hemos incluido en nuestro
artículo y que son las que realmente demuestran que en esta sítula está escrito
lo que nosotros decimos», manifestó.
Este equipo
de investigadores ha publicado los resultados de su trabajo en el último número
del Boletín del Archivo Epigráfico de la Universidad Complutense de Madrid
(2025).”

No hay comentarios:
Publicar un comentario